Hasta hace poco se creía que el ADHD, tan común en la niñez, disminuía en la adolescencia y desaparecía en la vida adulta. Sin embargo, hoy se estima que aquellos niños que padecieron el problema durante la primera infancia, tienen una alta probabilidad de padecer el trastorno también en la vida adulta.

Se calcula que entre el 6 al 8 % de los niños tiene Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad y que el 60% de esos niños o adolescentes presentaran el trastorno en la adultez. Muchos adultos no son diagnosticados con ADHD en la niñez o adolescencia y logran superar la etapa escolar, incluso la universitaria, sin saber que presentan esta condición. Pero en la edad adulta se manifiestan los síntomas en forma más marcada ante el aumento de las responsabilidades laborales, familiares y sociales. En estos casos, la consulta al especialista generalmente es motivada por la presencia de alguno de los trastornos que suelen coexistir con el ADHD (denominados comorbilidades), como la depresión o la ansiedad.

En los adultos, los síntomas más comunes son:

  • Hiperactividad motora: incapacidad de relajarse, dificultad para persistir en actividades sedentarias (ej: ver televisión o leer el diario sin levantarse por un período de tiempo prudente).
  • Déficit de atención: incapacidad para concentrarse en una conversación o lectura, distractibilidad, olvidos frecuentes, constante pérdida de objetos (ej: billetera, llaves, olvidan reuniones y fechas importantes, durante una conversación saltan de un tema a otro, etc).
  • Inestabilidad emocional: cambios súbitos que van desde ánimo normal a depresión o euforia, llegando hasta excitación, generalmente de horas de duración. Esta característica genera inquietud en las personas que los rodean ya que despierta una sensación de inseguridad en cuanto a la estabilidad afectiva.
  • Temperamento explosivo: episodios de pérdida de control de corta duración en que el sujeto puede temer por su propia conducta, lo que naturalmente interfiere en las relaciones interpersonales.
  • Hiperreactividad emocional: no puede soportar el estrés cotidiano y reacciona excesiva o inapropiadamente con desánimo, confusión, ansiedad o rabia, esto impide el apropiado afrontamiento de los problemas, lo que lleva a las personas a tener dificultad en lo laboral y en sus relaciones afectivas.
  • Desorganización, incapacidad de completar tareas: poca capacidad para organizarse en el desarrollo del trabajo; las tareas por lo general quedan inconclusas, debido a que el sujeto se cambia constantemente de una actividad a otra, lo que proyecta una imagen que repercute en su evaluación.

Las condiciones asociadas al ADHD en adultos son inestabilidad matrimonial, menor éxito académico y laboral del esperado para su inteligencia y su educación, abuso de drogas y alcohol, historia familiar de ADHD durante la infancia y trastorno de personalidad antisocial.

El 60% de los adultos con ADHD tienen una condición comórbida tales como alteraciones en el aprendizaje, trastornos de la conducta, depresión, alteraciones del estado de ánimo, trastornos por ansiedad, alteraciones por abuso de sustancias, tics, o alteraciones de la personalidad.